Columna de septiembre de Delfina de Achával


EL VÍNCULO MÁS IMPORTANTE: CON NOSOTRAS MISMAS


¡Hola, comunidad! ¿Cómo están?

La relación con nosotros mismos es un punto clave en las dificultades que aparecen en nuestros vínculos. Es por esto que en esta ocasión quiero comenzar hablándoles de un tema que me apasiona y que he estado investigando mucho en el último tiempo: “Las dos caras de la Autocompasión”.

Kristin Neff, psicóloga especialista en Mindfulness y Autocompasión, afirma que la gran pregunta de la autocompasión es ¿qué necesito en este momento?

Las respuestas pueden variar según las circunstancias que estemos viviendo. A veces necesitamos ACEPTARNOS en toda nuestra imperfección, para amarnos y respetarnos tal cual estamos en ese instante. Pero ¡atención!, aceptarnos tal cual estamos no implica querer quedarnos ahí. Si llega el momento en que no podemos sostener más la incomodidad del lugar en el que estamos, es tiempo de movernos hacia la ACCIÓN.

La autocompasión no tiene que ver solamente con lo suave y amable. Puede ser tan feroz como tierna.

La autocompasión amable tiene que ver con el “estar con” nosotros/as mismos/as desde la aceptación: reconfortándonos y reasegurándonos, entendiendo que no estamos solos/as, y estando presentes con nuestra incomodidad, dudas o dolor.

Por otra parte, la autocompasión feroz está asociada a nuestra acción para aliviar el sufrimiento. ¿Qué puedo hacer hoy por mí para aliviar el sufrimiento? A veces necesitamos poner límites o luchar por una injusticia, o tal vez, decirnos SÍ y hacer aquello que necesitamos. Quizás estamos estancados en un mal hábito o relación, y necesitamos hacer algo diferente para cambiar, no porque “esté mal” donde estamos, sino porque debemos CUIDARNOS.

Kristin Neff nos muestra esto claramente. Si tenemos que asociar la autocompasión amable a una imagen, podría ser la de una madre calmando a su bebé que llora, mientras que la autocompasión feroz tiene que ver con la mamá oso que protege ferozmente a sus cachorros cuando se ven amenazados, o cuando sale valientemente a cazar peces para alimentarlos.

Así como la amabilidad nos lleva a mirar nuestro interior para nutrirnos, la energía feroz de mamá oso nos lleva a empoderarnos. Tal como el yin y el yang, estas dos caras de la autocompasión necesitan estar balanceadas para nuestra integración, para estar en eje y equilibrio.

Cuando ambas están presentes, se crea una fuerza de cuidado muy potente que puede ser usada para transformarnos y transformar el mundo que nos rodea.

¿Qué les pareció? ¿Les gustaría indagar más sobre la relación con nosotros mismos?

Un abrazo fuerte y ¡hasta el próximo newsletter!,

Delfina